La libertad supone la aceptación personal
(Noviembre 2010)


La libertad requiere un profundo conocimiento personal y la consiguiente aceptación de sí mismo. No importa que tengamos limitaciones. El hecho de darnos cuenta y vernos tal comos somos nos permite querernos, para proponernos el cambio partiendo de la realidad.

Vivir de espaldas a la verdad personal nos produce una división interior que nadie puede solucionar y que no conseguimos ocultar con la actividad desenfrenada o la acumulación de cosas.

El corazón de la persona necesita sentirse amado para poder liberarse de los condicionamientos que se auto-impone. Esta mirada la tiene que generar cada uno, desde una actitud renovada de aceptación. Es entonces cuando liberamos todas las potencialidades.  Para hacer este camino es bueno recordar algunos de los procesos que debemos asumir:

1.     La libertad se expresa en el anhelo de servir. Cuando buscamos el encuentro para el crecimiento del otro, nos insertamos en el mundo que nos rodea y salimos de la cárcel del egoísmo. Sólo en la medida que vemos las necesidades de los demás, como propias, se puede decir que   nos movemos en la realidad que nos circunda. Ver a los cercanos como un “alguien” con quien compartimos la actividad, nos permite entrar en comunión y sentir que nuestro corazón se libera de la angustia que supone vivir solo. Es esta mirada generosa la que nos da las alas para volar y ordenar los pensamientos en la dirección de la libertad interior.

2.     La libertad se mantiene en la esperanza. ¿A qué podemos aspirar cuando hemos perdido la ilusión? La libertad se despliega en una dirección determinada, está signada por las aspiraciones más profundas de nuestro corazón. Ponerse a la escucha de sí mismo, sentir el llamado interior al crecimiento ilimitado nos abre a las ansias de libertad plena. El ruido, los medios de comunicación y el dejarse llevar por la atracción de lo fácil, nos incapacita para desear lo sublime y nos aparta de todo aquello que supone esfuerzo. Aprender a soñar y desear lo más excelso, genera en nosotros una voluntad capaz de vencer el desinterés, el escepticismo ante la vida y el desánimo por la falta de resultados.

3.     El orden sostiene la libertad. El orden de lo exterior nos ayuda a la libertad interior, así podemos empezar por: disponer las cosas materiales de una forma adecuada, cumplir un horario, comer sólo lo necesario, descansar en el horario nocturno las horas que precisa nuestro cuerpo para reponerse neurológicamente, reservarse el tiempo para reflexionar, lograr el equilibrio en la vida social, diferenciar el tiempo de trabajo del de ocio, superar la inercia para poder hacer el ejercicio físico, predisponernos para ver todo lo positivo que nos rodea y aprender a agradecerlo. Estos cuidados nos disponen interiormente para sentirnos dueños de nosotros mismos y poder hacer elecciones acordes con nuestro proyecto de vida. El desorden es un indicador de la esclavitud de nuestro espíritu y que nos incapacita para relacionarnos positivamente con nosotros mismos.

4.     La libertad siempre supone la responsabilidad. Hacer una elección por algo es pensar previamente las consecuencias y hacerse responsable de las derivaciones de nuestras acciones. Una señal de la falta de capacidad para elegir, es la falta de previsión. No son respuestas maduras: “no lo pensé”, “no me di cuenta”, “no importa”, “me dejé llevar”, etc. La libertad exige responder coherentemente frente a nuestra conciencia a: quienes han confiado en nosotros y ante Dios. La respuesta tiene que ser para el corto plazo y para el futuro más lejano.  En la medida que no puedo asumir las consecuencias de mis acciones, estoy incapacitado para elegir. No hay libertad sin capacidad de compromiso.

5.     La libertad supone aceptar las frustraciones. Saberse limitado nos conduce a la creatividad, para desarrollar otras posibilidades de crecimiento y dar un sentido profundo a la vida. Es preciso asumir que no todo lo podemos hacer o conseguir, y eso no nos impide seguir siendo felices. Nos puede llegar la tentación de buscar salir de algunas frustraciones, a través de sustitutos, como podrían ser algunas sustancias narcóticas (o aparentes fármacos). En lugar de falsos atajos, debemos buscar fortalecer la voluntad y encontrar nuevas motivaciones que nos impulsen con esperanza hacia adelante. La libertad es una decisión personal, que no está condicionada por lo externo ni el “exitismo”. Sólo está determinada por la voluntad de seguir formándonos.

6.     La libertad debe hacer presente el perdón. Cuando no aceptamos a alguna persona, pareciera que nos cierra posibilidades de expresarnos y ser libres. Sólo cuando buscamos, deseamos y hacemos gestos auténticos de perdón, podemos liberarnos y ser nosotros mismos. Al perdonar, nos regalamos un corazón nuevo, con capacidad de amar.  Posiblemente siempre tengamos razones para distanciarnos de los demás. Pero hay que usar el sentido común y entender que en muchas situaciones no hay oportunidades de volver atrás; es entonces cuando hay que ser capaz de pasar la página. El resentimiento nos carcome interiormente. Cuando deseamos el bien a todos nos liberamos de una presión interior que nos impide ser felices.

7.     La libertad supone aceptar que somos diferentes. Cada uno tenemos nuestras cualidades recibidas o cultivadas. El proyecto de vida lo puedo llevar a cabo con las posibilidades reales. Es hora de dejar de mirar al vecino, para abandonar la envidia. Cuando estamos expectantes a lo que hacen o dicen los demás, perdemos posibilidades de proyectarnos hacia delante. Viviendo en la añoranza de lo que no tenemos, dejamos de valorar lo propio. Una forma de revertir esta situación es fijarnos siempre en lo que tenemos que agradecer, que nos es dado. Si tomamos esta práctica de ver lo positivo, no terminaremos de enumerar todo lo bueno que poseemos o nos sucede.

8.     La libertad supone coherencia en nuestra conducta. Somos libres cuando hacemos opciones orientadas a ser auténticamente felices. Por tanto a la hora de elegir todo tiene que estar encaminado en la misma dirección. Si hacemos opciones incoherentes, se puede hablar de que vivimos en la inmadurez. Para percibir estas situaciones es preciso dedicar un tiempo al discernimiento, además de escuchar a los que están cerca y nos quieren. Ellos se dan cuenta de la irracionalidad y además nos tienen el cariño de hacernos ver nuestro error.

9.     La libertad supone estar abiertos al diálogo. Si nos cerramos en nuestras posiciones, por miedo a que nos hagan ver nuestra incoherencia, es porque estamos viviendo un infantilismo. Quien es auténtico sabe dar cuenta de sus actitudes manifestando sus miedos, limitaciones y fortalezas. En la medida que sé expresar mi pensamiento logro dar razón de mi vida y se puede decir que tengo una identidad.

10. La libertad siempre es una respuesta agradecida al amor recibido. El reconocernos amados es el motor impulsor para poder lanzarse hacia delante con libertad. Saberse amado desde siempre por Dios y tener la certeza de que nos espera para gozar de su amistad por toda la eternidad, nos da la posibilidad absoluta de libertad para amar, única forma de realización de la persona. La libertad es la correspondencia al amor infinito y gratuito que Dios ha derramado en nuestros corazones.

 

Hno. Eloy Javier Lázaro

 

                                                                              

 

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