Lectura: “Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás». Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe»” (Lc 17, 3-5).
Meditación:
El perdón es un camino que todos estamos llamados a recorrer. No podemos avanzar en la vida espiritual y en la salud psicológica cargados de resentimientos. Perdonar es un don de Dios que precisamos acoger. En primer lugar, buscamos vivenciar que somos perdonados por la infinita misericordia de Dios. Nos perdona gratuitamente, sólo necesitamos caminar con Cristo y permitir que nos abrace compasivamente.
Todos somos débiles y por tanto hemos hecho daño a otros; del mismo modo somos agredidos por los demás. Pero nuestra vocación es la fraternidad; necesitamos tender puentes. De la fuente del perdón de Cristo, podemos perdonar a quienes nos ha herido. Perdonar es un acto de fe y voluntad, no es sentimiento.
En la medida que perdonamos nos vemos liberados, caminamos en paz. El perdón supone desear el bien del otro; aunque es preciso que seamos prudentes y protejamos el corazón ante personas tóxicas. El perdón, nos ayuda a aceptarnos con debilidades, pero amados por Cristo.
Oración: Señor, perdóname y ayúdame a perdonar a los demás.
Contemplación:
Sigo profundizando recuerdos de las heridas que me han causado… y aumento mi resentimiento.
«Yo te perdono y olvido… Deseo que seas compasivo ante las limitaciones de los otros».
Quiero perdonar siempre… Dame un corazón compasivo.
Acción: Perdonar a quien me ofende.
Hno. Javier Lázaro sc.
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