«Nos sentimos felices y agradecidos porque podemos celebrar la jubilación de Claudia Paladino, directora de nuestro Nivel Primario durante los últimos once años y, en otros cargos, por más de veinte. A la vez, sentimos cierta nostalgia, porque no estará físicamente en el patio, en las clases o en la oficina.

Claudia, eres toda una referencia de lo que significa ser persona, mujer, esposa, madre, docente y abuela. Tu testimonio nos ilumina y nos llena de esperanza; nos señala el camino de la plenitud a padres, docentes y alumnos. Siempre has respondido con todas tus fuerzas al llamado de Dios.
Eres una mujer íntegra, fiel a los compromisos asumidos, por encima de tus gustos o cansancios. Educas tu corazón para que esté al servicio de los demás, sin hacer ruido ni buscar el aplauso. Tu autoridad moral se acredita en tu cariño y cercanía, en tu búsqueda constante de que cada uno crezca y sea feliz.

Con los alumnos eres cercana y afectuosa, firme y con una propuesta de superación. Recordamos cuando tenías un grado a cargo y esperabas a cada alumno con un beso y una mirada tierna, haciendo sentir a cada niño como una persona única. El tiempo dedicado a cada alumno no tiene precio, porque implicaste tu corazón con entrega y cariño, que solo Dios puede recompensar. Tu presencia en el patio, en clase o en la oficina son espacios de encuentro, propios del Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y lo que necesitan. Siempre dispuesta a enseñar con el ejemplo.
Además de psicóloga, haces de enfermera; te ocupas del crecimiento emocional y espiritual, del aprendizaje y la disciplina. En todo momento buscas una educación integral. En este proceso tú misma has crecido con un compromiso sin límites, que te permite descubrir lo valioso de cada uno y su belleza interior.

Con los docentes, respetas la libertad de cada uno. Te pones en el lugar del otro, escuchas las problemáticas de forma individual, te alegras por los logros y dedicas tiempo y corazón para orientar a quienes se sienten cansados, tanto en lo didáctico y pedagógico como en lo personal y espiritual. Gracias por ayudarnos a descubrir el sentido profundo de la tarea de educar y a vivir nuestra vocación con alegría. Sabemos que tu fuerza nace del encuentro personal con Cristo, en la oración.
Con las familias vas más allá de tu trabajo: dialogas, escuchas y orientas a muchos padres en la educación de sus hijos. Eres firme y comprensiva, justa y compasiva; promueves la unidad y el perdón, y siempre buscas el compromiso, poniendo a los niños como prioridad. Con tu ejemplo haces entender que educar no es una tarea, sino una vocación que, cuando se vive con entrega, nos hace felices —aunque siempre exija esfuerzo y perseverancia.

Conocemos tus luchas interiores y tu fe. Cristo es el centro de tu vida y el motor de todas tus acciones. Gracias por estar enamorada de Jesús y vivir esta entrega a través de tu esposo Roberto, de tus hijas Luciana y Constanza, y ahora también de tus nietos. Gracias, Roberto, por sostener a Claudia en sus ideales y compensar su cansancio con tu paciencia.
Gracias por tu sentido de pertenencia a la comunidad del Belgrano; por identificarte con Cristo y vivir los sentimientos de su Corazón con espíritu de servicio, mansedumbre y humildad. Gracias porque sos Corazonista, y con tu presencia enriqueciste el carisma Corazonista, estableciendo relaciones fraternas y generosas con todos.
Hoy termina una etapa, pero tu legado continúa en el corazón de todos nosotros. Tu misión, llena de entrega, te convierte en un referente por tu manera de hacer y de sentir.
Claudia, sos un instrumento del Espíritu. Te felicitamos y agradecemos tus cantos de alabanza en cada Misa. Sabemos que te sentís elegida y te dejas moldear y acompañar por la Virgen María, nuestra Madre y Maestra.
Hoy, todos los presentes —y también tantas promociones de exalumnos, sus familias y los docentes con los que compartiste la misión— te decimos GRACIAS. Gracias en nombre de la comunidad de Hermanos del Sagrado Corazón, que se ha visto representada en tu persona, con la pedagogía de la confianza y la espiritualidad de la compasión del Corazón de Jesús.
Nosotros seguimos creciendo, caminando y educándonos. Para acompañarnos en esta nueva etapa, Mariel Degese asume la dirección del Nivel Primario y Valeria Gioria, la vicedirección.

Gracias, Mariel y Valeria, por su disponibilidad, compromiso y autenticidad. Asumen una tarea que excede las propias fuerzas, pero toda nuestra confianza está puesta en Cristo, que nos elige y es nuestro Maestro. Confíen plenamente: también ustedes dejarán su impronta, sin perder la identidad y permaneciendo atentas a todos.
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