El desafío de educar

2 noviembre, 2025

El martes 7 de octubre recibimos a Maritchu Seitún, quien nos invitó a reflexionar sobre el verdadero respeto a los niños, que no es concederles todo, sino acompañarlos en su crecimiento con límites claros, escucha atenta y mucho afecto.


La infancia y el juego

Lo que hace que un niño prospere, crezca y aprenda es jugar.

El juego es su modo natural de conocer el mundo, de desarrollar habilidades y de fortalecer la autoestima. Pero hoy la infancia se achica: las pantallas adelantan etapas, los apuran, los distraen de lo esencial. Por eso, es fundamental llenarles la mochila en la Primaria para que lleguen a la adolescencia con recursos, confianza y herramientas internas.

La relación entre padres e hijos

La relación padre-hijo es asimétrica. Somos nosotros quienes cuidamos. “Yo te cuido, entonces ahora hacemos esto”. Esa claridad da seguridad.

No se trata de que teman, sino de que obedezcan con amor y confianza, sabiendo que hay un adulto que se planta con serenidad y amor. Perdamos el miedo a los hijos: los límites no los alejan, los sostienen.

Educar exige vigilia: estar atentos, disponibles y dispuestos a poner el límite cuando hace falta. No se trata de allanarles el camino, sino de enseñarles a esperar, esforzarse, frustrarse y aprender, para que puedan ser felices por mérito propio.

También necesitamos cuidarnos como adultos, no postergarnos. Enseñar que la maternidad y la paternidad no son cargas, sino espacios de crecimiento compartido.

Ser faro y brújula

Nuestros hijos necesitan guía.

Ser padres es ser faro y brújula: marcar el rumbo, señalar por dónde no y por dónde sí. Si no la encuentran en nosotros, la buscarán en otro lado.

Con los adolescentes, esto implica reglas claras y chequeo de cumplimiento. No porque sean malos, sino porque son frágiles y necesitan adultos firmes.

Las expectativas adecuadas también son una forma de cuidado: cuidemos de no exigirles estar siempre “a la altura”.


Límites que fortalecen

Maritchu habló de la crianza vertical respetuosa, que no busca convencer sino formar:

  • Es disciplina con sentido.
  • Respeta la persona, pero no todas las conductas.
  • Enseña que cada acción tiene consecuencias.

Un buen límite da fuerza y rumbo. Fortalece la autoestima (“te quiero, pero esto no”) y desarrolla recursos (“como esto no, vas a ingeniártelas para lograrlo de otra manera”). Porque cuando los padres se corren un poco, las cosas empiezan a ocurrir.

La autonomía requiere tiempo, práctica y muchos errores. Hay que dejar que los chicos se equivoquen y aprendan a pedir ayuda.


Empatía y vínculo seguro

La empatía es otro pilar fundamental. Implica comprender lo que sienten, aunque no aceptemos todo.

La empatía “aceita” los vínculos: “Mamá me quiere igual aunque yo sienta…”. Esa comprensión eleva la autoestima y les enseña que el amor no depende del desempeño.

Nuestros hijos se fortalecen con nuestra mirada enamorada. Cuando un niño se siente valorado por sus padres, aprende a valorarse y a valorar a los demás. Así se construye un vínculo seguro, base de toda confianza.

Ayudarlos a pensar es parte de ese acompañamiento. En lugar de responder por ellos, re-preguntar: “¿Y a vos qué te parece? ¿Es buena idea?”. Así aprenden a encontrar sus propias respuestas y a confiar en su criterio interno.


Cuidar la pareja

Educar también es cuidar el horario de protección al mayor: reservar tiempo para compartir con la pareja sin los hijos.

Ellos necesitan padres conectados y coherentes, no agotados ni dispersos.

Volver a la tribu

Maritchu nos invitó a rearmar la tribu: volver a apoyarnos entre familias, escucharnos, compartir criterios.

Usar los grupos de padres para consensuar y acompañarnos, no para competir. Ir al colegio, dialogar, pedir y ofrecer ayuda. Porque educar en comunidad nos da coherencia y nos fortalece a todos.

Educar no es allanarles el camino, sino enseñarles a caminar. Es confiar en que, con nuestra presencia, amor, límites y empatía, nuestros hijos podrán ser ellos mismos y encontrar su propio rumbo.

¡Gracias a todos los que participaron! Con todos sus aportes e inquietudes ya estamos pensando nuevos desafíos para el 2026.