Lectura: “Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre». …. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos”. (Mc 7, 14-15.21)
Meditación:
Jesús nos ha dado un corazón semejante al suyo, lleno de bondad, de ternura y limpio (lo podemos observar en la mirada pura de los niños). Pero nosotros, por el mal uso de la libertad, por el pecado, nos degradamos y perdemos la inocencia original, quedamos a la deriva de nuestras pasiones, al son de los caprichos narcisistas…
Por esto, Jesús nos pide que estemos atentos a lo que generamos en nuestro interior. En la medida que vivimos en el agradecimiento, en la alabanza, el deseo de servir, en humildad, en la sorpresa por la contemplación de las cosas simples… Entonces recibimos el don de la alegría y la paz interior, que podemos dar a los demás.
Pero si alimentamos el resentimiento, la envidia, la avaricia, el deseo desordenado de placer… quedamos esclavizados en la tristeza, en la confrontación, el miedo y la angustia. Nuestra vocación es vivir en la confianza de sabernos amados.
Oración: Señor, cuida mi corazón y haz que sea tu morada.
Contemplación:
La mirada egoísta y los sentimientos tóxicos, me llenan a tristeza…
«Yo Soy manso y humilde, elige vivir en la verdad y bondad, en mi amistad…».
Quiero gustar tu intimidad, dirige mi corazón.
Acción: Dejar que Jesús sane mi corazón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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