Lectura: «Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará». (Lc 9, 23-24)
Meditación:
Jesús nos llama, pero es nuestra la decisión de seguirle, sin poner condiciones. El seguimiento supone que: nos entregamos libremente, ponemos en Él la confianza, nos fiamos de su Palabra, fijamos en Él nuestros ojos, escuchamos su Palabra, vivimos en su Corazón, hacemos que sea el centro de nuestra existencia, sólo buscamos hacer su voluntad, estamos atentos a sus insinuaciones, asumimos sus sentimientos como estilo de vida con los demás…
Todo esto, requiere que: renunciemos a nosotros mismos y vivamos con humildad; que carguemos con la cruz de nuestras debilidades y sigamos confiando; que busquemos la gloria de Dios y renunciamos al protagonismo personal; que crezcamos afectivamente y cambiemos la mentalidad de la búsqueda del placer; …
El seguimiento supone que nos dejamos acompañar o sostener por la gracia de Dios y salimos del orgullo personal o del voluntarismo de creer que podemos sólo con nuestro esfuerzo. Seguir a Cristo es aprender a vivir con los otros la fraternidad, la unidad, el servicio, el perdón, la alegría…
Oración: Señor, dame un corazón atento, que escuche tu llamada.
Contemplación:
Busco el éxito y el reconocimiento, … pero me olvido de darte gracias…
«Yo te llamo, para que vivas en mi amistad…».
Te entrego mi corazón, reina en mí.
Acción: Seguir a Jesús con determinación y radicalidad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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