Lectura: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará» (Mt 20, 18-19).
Meditación:
Jerusalén significa la culminación de la misión de Cristo, pues en ella hace entrega total de su vida al Padre en la Cruz y también resucita. Pero ya en la historia de Israel era la capital, representaba por su templo la presencia de Dios, era el lugar de culto, es signo de la unidad de todas las tribus del pueblo.
Después de la Resurrección de Cristo, la nueva Jerusalén hace referencia a la Iglesia, a la patria definitiva del cielo, a la unidad entorno a Cristo, a la Madre de todos los pueblos… a la fuente de la gracia. Nosotros también caminamos hacia la nueva Jerusalén donde nacemos de nuevo.
Pero Jesús no es un Dios triunfalista; nos hace ver que nuestra redención pasa por la entrega, la humildad, el deseo de dar gloria, la conversión de los corazones, la búsqueda de reparación de los pecados, el vivir en el servicio de los demás.
Oración: Señor, haz que camine contigo y viva la entrega gozosamente.
Contemplación:
Huyo del dolor y lo que me desagrada… así no realizo la libertad…
«Yo Soy amor, me entrego libremente al Padre para tu salvación».
Quiero corresponder, renunciando a mis gustos.
Acción: Ofrecer a Dios las contrariedades y entregarme comprometidamente.
Hno. Javier Lázaro sc.
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