Lectura: “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama” (Lc 11, 21-23).
Meditación:
Somos fuertes si estamos unidos a Cristo; en la medida que vivimos para Él, nos llena de su gracia y vivimos en libertad, pues podemos elegir y hacer el bien con alegría. La fortaleza interior nos viene porque estamos en comunión con Cristo y buscamos la unidad con los otros. Es preciso dejar que Jesús tome posesión de nosotros y sea el único Rey de nuestra vida.
El palacio es nuestro corazón, el alma, que es imagen de Dios y posee la belleza divina, pues somos sus hijos. Pero los ataques internos y externos siempre se nos van a presentar. Lo decisivo en esta batalla es que fijemos la mirada de Cristo y busquemos sólo su gloria.
En nuestro proyecto es preciso que tengamos una clara determinación de seguir a Cristo, ser sus servidores; pues Él es el Señor que nos libera y nos engrandece entregando su propia Vida por nuestro amor.
Oración: Señor, haz que mi corazón esté en Ti y busque tu gloria.
Contemplación:
Cuando busco el placer o la comodidad… siento que te postergo y me esclavizo.
«Yo Soy el Camino, ven a Mí, sígueme con radicalidad…».
Quiero pertenecer a Ti. Solo soy tuyo.
Acción: Seguir a Cristo en todo momento.
Hno. Javier Lázaro sc.
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