Se trata de un tiempo en el que cada alumno comienza a familiarizarse con nuevas personas, espacios y rutinas. Este proceso requiere paciencia y acompañamiento, ya que implica separarse por momentos del entorno familiar para comenzar a construir un nuevo ámbito de pertenencia.
Durante las primeras semanas, el objetivo principal es generar confianza y seguridad. Los niños necesitan sentirse contenidos para poder explorar, jugar y expresarse libremente; las docentes acompañan con sensibilidad y escucha, respetando sus tiempos y favoreciendo un clima cálido donde todos puedan sentirse parte.
En este contexto, los vínculos ocupan un lugar central. A través del contacto cotidiano —miradas, palabras y gestos— se van fortaleciendo las relaciones entre docentes y niños, y también entre pares. Esos primeros lazos son fundamentales, ya que constituyen la base para el aprendizaje y la convivencia dentro del grupo.

La sociabilidad comienza a desplegarse en pequeños gestos: compartir un juguete, esperar turnos, observar a sus pares, imitar acciones o invitar a jugar. Poco a poco descubren que el Jardín es un espacio donde pueden interactuar, cooperar y disfrutar junto a otros.
El juego ocupa un lugar privilegiado: es la forma natural que tienen los niños de conocer el mundo. En ese marco, exploran materiales, experimentan situaciones, desarrollan su imaginación y expresan emociones. También favorece el encuentro con otros, la construcción de acuerdos y la resolución de pequeños desafíos.

Del mismo modo, el lenguaje se enriquece en cada intercambio. Conversar, cantar, escuchar cuentos, nombrar objetos y relatar experiencias son oportunidades valiosas para ampliar el vocabulario y fortalecer la comunicación. Cada palabra compartida abre una puerta al pensamiento, a la expresión y a la construcción de significados.
Por todo lo anterior, el período de inicio no es solo un momento en el tiempo, sino también una etapa fundacional donde comienzan a tejerse los lazos que sostendrán la vida escolar. Con la cercanía de las familias y el trabajo cotidiano de las seños, los niños van descubriendo que el Jardín es un lugar seguro para aprender, jugar, crecer y construir nuevas amistades.

“Los niños aprenden a su ritmo, dándoles un ambiente favorable y luego dejándoles que exploren de forma espontánea y busquen retos que se ajusten a sus capacidades” (Catherine L’Ecuyer).
Agradecemos a las familias la confianza depositada en nosotras para acompañar este comienzo. Caminamos juntos, con respeto y ternura, sosteniendo cada paso de sus hijos, convencidas de que -con tiempo, amor y presencia- cada quien encontrará su lugar y desplegará todo su potencial en este hermoso recorrido que comienza en el Jardín.
Equipo docente Salas Maternal
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