Da vida a nuestros corazones, nos hace nacer de nuevo,
nos enciende en el fuego de su Amor.
Lectura: “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto»” (Jn 20, 1-2).
Meditación:
María Magdalena nos representa a cada uno de nosotros; sentimos la ausencia de Cristo, sufrimos el vacío interior,… pero también nos impulsa la fuerza del Espíritu a ir a su encuentro. El caminar de madrugada, nos habla de la urgencia de la necesidad de dar respuesta a las preguntas existenciales… pero vamos a oscuras, sin fe.
La amistad que vivimos con Cristo no es algo pasajero, genera una memoria agradecida, que nos permite recordarlo y buscarlo… Pero Dios no es indiferente, responde con generosidad y nos genera la idea de la resurrección, prepara nuestro corazón para el encuentro.
Además, nos convierte en testigos, en mensajeros ante los demás… Esta movilización interior es un proceso que nos dispone para el encuentro con el Amado. Así nuestra existencia encuentra un sentido pleno, nos hace vivir las dificultades con alegría. Cristo resucitado es nuestra: paz, alegría, vida…
Oración: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya, Aleluya!
Contemplación:
Siento el vacío interior… pero Tú me despiertas a la Vida… deseas que nos encontremos…
«Yo Soy la Resurrección y la Vida, te hago nacer de nuevo».
Quiero vivir sólo para Ti, me has transfigurado.
Acción: Vivir la alegría del encuentro con Cristo Resucitado.
Hno. Javier Lázaro sc.
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