En un mundo donde lo inmediato y pasajero prevalecen, su dedicación, compromiso y sentido de pertenencia son verdadera fuente de inspiración. ¡Gracias!
«Corría el año 1999, y un muy joven Javier Bususcovich daba sus primeros pasos como profesor de educación física en nuestra institución.
Hoy, después de 25 años, queremos rendir homenaje a un gran docente, pero además a una gran persona.
Es difícil resumir en unas líneas una trayectoria tan significativa, y que estas reflejen el desempeño y la dedicación que tuviste en tu tarea a lo largo de estos años. Aunque quizá no le hagan justicia del todo, estas palabras son una demostración de respeto y admiración de toda nuestra comunidad.
Durante este cuarto de siglo, fuiste mucho más que un educador: te convertiste en guía para tus estudiantes y un modelo a seguir para tus pares. Un profesor como pocos: paciente, apasionado y justo siempre, enseñando con intención y con sentido. Práctico, dedicado y un gran planificador, impulsaste a tus alumnos a superarse constantemente, priorizando la capacidad individual en el proceso de aprendizaje. Fomentaste valores como el trabajo en equipo, la perseverancia y el respeto.
Siempre profesional y un gran compañero de trabajo, solidario y generoso. Además, dueño de un lado histriónico, divertido y relajado que algunos conocemos bien. Tu capacidad para inspirar y motivar ha dejado una marca indeleble en la vida de muchos de tus estudiantes y, sin dudas, en toda la comunidad educativa del Colegio Manuel Belgrano.
Gracias, profesor Javier Bususcovich, Profe Javi, por estos 25 años de servicio, enseñando con el corazón«.
«Querida Juli:
Son muchos los años y momentos vividos en el colegio. Tu comienzo fue poco después de que ingresaran las mujeres, y cada vez fueron más con el paso del tiempo. Eso llevó a que se incorporara el hockey como deporte para ellas.
En esos tiempos, los espacios eran muy distintos a los de ahora: se usaba la cancha del quincho, y el cuartito de materiales estaba cerca de la casa de los hermanos. Los palos de hockey eran del colegio y de madera, y había un pequeño grupo de profes.
Hace 25 años, yo también ingresaba al Belgrano, como alumna, y fui parte de ese primer grupo de hockey de la profe Chaumot. Es decir, comenzamos juntas a descubrir de qué se trata esta hermosa comunidad corazonista.

Les voy a contar una pequeña historia que nos une. En 1999, milenio anterior, ingresé al Colegio Belgrano proveniente de una escuela del estado. En mi primer día de clases, una compañera me dijo: «¿Ibas con guardapolvo blanco?» Eso me hizo sentir bastante mal, hasta que llegó la hora de Educación Física. ¿Saben quién era la profesora? Julieta, que también debutaba en la institución. Ella me miró y, delante de todas, dijo: «Sholcis, ¡qué bien jugás al hockey!» Quizás percibiendo que algo me pasaba. A partir de ahí creció mi autoestima, gracias a ese instinto que solo las grandes docentes tienen.
Hoy nos toca seguir compartiendo como colegas. Con los mismos valores de siempre: buena compañera, sincera, frontal. Siempre al pie del cañón para lo que necesites, ya sea del colegio o de la vida personal. Te acompaña y te alienta a que hagas lo que te haga feliz. Apasionada y con una rebeldía única y contagiosa.
Como dijo Ñaco alguna vez: «En el pan y queso de la vida, te volvería a elegir.«
«Hoy me toca compartir unas palabras sobre una de las personas con las que compartimos muchísimas cosas de la vida misma… ¡hasta nuestros aniversarios de casamiento son el mismo día de agosto, con cinco años de diferencia!
Resulta que con Mariana estamos, de algún modo, vinculadas incluso antes de conocernos y coincidir trabajando juntas en este colegio. Ella fue mi suplente en otra institución cuando yo estaba de licencia por maternidad, esperando a mi hija mayor. Miren si hay motivos para que hoy esté mencionándola especialmente.
Cuando elegimos una profesión y sentimos la vocación y el amor por lo que hacemos desde el corazón, vamos creciendo y formándonos en nuestro trabajo diario. En Mariana es muy sencillo ver esa vocación, ese amor por su trabajo, la mirada sensible pero firme a la vez sobre cada uno de sus alumnos, la excelencia académica en cada clase, y la responsabilidad y compromiso para estar siempre a disposición de lo que sea necesario, sea un alumno o un colega.


Cuando coincidimos allá por el año 2000 en el Belgrano, compartimos muchísimos momentos personales: nacimientos, casamientos, comuniones, cumpleaños… Momentos vividos en familia y con amigos que nos permitieron, además de compartir el día a día en el colegio, forjar una amistad que estoy segura perdurará en el tiempo.
Siempre pienso que no es casual que estemos todos acá hoy. No fue casual aquella primera suplencia de Mariana, no es casual que unos años después nos hayamos encontrado acá, no es casual que hoy estemos agasajando a gente tan querida para todos. El Belgrano nos juntó por algo: tuvimos y tenemos una misión, la de formar a nuestros alumnos en el carisma corazonista que hace más de 200 años los hermanos infunden en el corazón y la formación de nuestros estudiantes… y Mariana lo honra todos los días.
Se me vienen a la cabeza muchos momentos vividos dentro del colegio, anécdotas…
¿Te acordás de las decoraciones del escenario para los actos de entrega de diplomas, colgando las telas con el hermano Ricardo trepado para que todo quedara hermoso para el evento?
¿Te acordás cuando entraste vestida con el uniforme de Educación Física con los alumnos de 1° año, haciendo la murga con la canción de Diego Torres? ¡Casi no nos dimos cuenta de que estabas ahí!
¿Y tu última actuación estelar siendo Tristeza, de Intensamente, el año pasado en el acto del Día del Profesor?
Cuántas cosas lindas que podría seguir mencionando…
Muchos momentos que quedan en el corazón de todos y cada uno de los que estuvimos cerca tuyo, que tuvimos la alegría de verte crecer en tu profesión, y de ver la hermosa familia que formaste con Claudio y tus niñas, Cami y Sofi.
Mari, todos nosotros te queremos mucho y valoramos tu compromiso, tu profesionalismo, tu calidez, tu firmeza y tu mirada justa, siempre.
Personalmente, quiero decirte gracias por cada momento, cada palabra, cada charla. Gracias por el acompañamiento siempre, y en todo esto… Gracias por tu amistad, que comenzó hace muchos años y seguirá por muchos más. Te quiero mucho«.
Alejandra Massone
«Son días de mucha emoción y de muchos recuerdos. No es fácil la tarea del día a día, no es fácil permanecer, y sobre todo, hacerlo con alegría. En tiempos en que lo inmediato y lo pasajero prevalecen, es emocionante compartir con vos tus 25 años en la escuela.
Te conocimos como la preceptora del secundario y después te convertiste en la seño Marisa. Ahí descubrimos que compartíamos el mismo entusiasmo y vocación por enseñar. Pronto aparecieron tus disfraces, tu música, tus bailes, las tablas de multiplicar a modo de rap, las brujas en los actos de fin de año, las salidas divertidas para el Día del Maestro… y tantas otras cosas.
¿Te acordás cuando, durante la pandemia, fuiste casa por casa para ver y conocer personalmente a tus alumnos? Fue después de un año complicado, en el que solo nos encontrábamos a través de una pantalla. Esa situación no te impidió mostrar tus dotes artísticas y tus ocurrencias. Estas son las cosas que te caracterizan y te hacen única, además del mate, tus siestas, y tu frase matinal en el estacionamiento: ¿No podemos empezar las clases más tarde? Frase que, obviamente, compartimos…

No puedo dejar de mencionar el gran amor que siempre inspiraste en tus alumnos por el Sagrado Corazón. Seguramente, muchos de ellos descubrieron la belleza y el poder de esta devoción a través de la oración de la mañana, los cantos y la alegría de cada celebración. Al compartir tu fe con los alumnos de manera natural, simple y respetuosa, indudablemente sembraste en ellos semillas de amor, empatía y esperanza. En muchas ocasiones, tu papá fue partícipe de distintas celebraciones, demostrando que tu familia siempre te acompañó y te acompaña en el camino de la fe.
Puedo decir con total certeza que el colegio Belgrano es tu casa. Tu sentido de pertenencia se manifiesta en cada tarea que asumís. Tenés la camiseta corazonista puesta, y la defendés con compromiso, dedicación, profesionalismo y responsabilidad. Siempre estás dispuesta a colaborar, a ayudar a tus compañeros y a dar lo mejor de vos.
Tal vez quedan muchas cosas por decir, porque en 25 años, las anécdotas y el camino recorrido son muy largos. Pero, desde luego, lo más importante es la huella imborrable que dejaste en la vida de tantos niños que pasaron por tus aulas, y que siempre te recuerdan con una canción como Don Federico, con algún chiste, con una caricia o, simplemente, con un gesto o una palabra cariñosa.
Le pedimos al Sagrado Corazón que siga guiando tus pasos, fortalezca tu espíritu y anime tu tarea, para que puedas seguir imprimiendo en el corazón de los niños y jóvenes el carisma y la identidad corazonista con confianza, fe y pasión. Te queremos mucho«.
Tus compañeras y amigas
«Estimada comunidad educativa Corazonista y Belgranense:
Hoy estamos reunidos para celebrar juntos el Día del Sagrado Corazón de Jesús.
Esta tradición, que año a año nos convoca a estar unidos, nos brinda la oportunidad, entre otras cosas, de compartir nuestro tiempo fraternalmente.
En este clima, congregados para celebrar y en una misma sintonía de valores compartidos, creo que es un buen momento para poder ver y reconocer esos valores en los demás.
Valores que acompañan aquello a lo que nuestra misión nos convoca, permitiéndonos, en ese ver y reconocer, destacar a una colega que dedica su energía vital a la entrega por el otro, asistiendo con vocación cristiana a la formación, guía y educación de nuestros queridos alumnos.
Esto, como pilar principal, se complementa con todo lo que el ejercicio de nuestra profesión abarca, extendiéndose a colegas, padres y a la comunidad en su conjunto.
Hoy celebramos una trayectoria que cumple un hito: 25 años. Y hay una persona que ha recorrido ese camino: nuestra querida Fabiana Ciani.

Durante un cuarto de siglo, Fabi ha compartido su tiempo con nosotros, demostrando, para comenzar, que es mucho más que una profesora. Si bien podría haberse ceñido a un programa y a una tarea que cumpla con los estándares de la institución, eligiendo descansar en ello, ella decidió optar por el camino de la superación y el esfuerzo. Esa elección la ha convertido en una figura de indiscutible capacidad, tanto como mentora como fuente constante de inspiración para estudiantes y colegas.
Y si desempeñar esta tarea ya es arduo, el verdadero desafío es sostener ese desempeño. Hacerlo sin claudicar, con honestidad moral y profesional, durante nada menos que 25 años, representa un logro al que vale la pena dedicar este momento.
Ese compromiso, esa tarea que el colegio asume de cara a la sociedad y que se extiende a cada colega sumado al proyecto, encuentra en personas como Fabiana un corazón dispuesto a llevar adelante los propósitos profundos de nuestra razón de ser cristiana y educativa.
En una mirada más cotidiana, quienes la conocemos no podemos dejar de mencionar su pasión por el aprendizaje del idioma. Esta pasión impulsa a la disciplina y contagia, dentro del equipo, un entusiasmo renovado por aprender.
En los logros y avances del departamento de inglés, su impronta está presente: su modo de ser y hacer, siempre elegante, pero con la fuerza necesaria para alcanzar los objetivos planteados, se refleja en cada detalle.
Es sencillo, en su presencia, encontrar a una persona en quien confiar, dotada de una enorme sensibilidad y empatía hacia los demás.
En esos momentos en los que su permanente enfoque se detiene y la profesional deja paso a la mujer, podemos ver su calidez, su interés por el otro, su devoción por su familia, su natural debilidad por su hijo Lucas, su referencia incondicional a su compañero Marcelo y su sensata lectura de los tiempos que corren.
Al mirar un poco más allá de estas paredes, descubrimos a alguien que proyecta su entrega en todos los ámbitos de su vida, mostrando una autenticidad genuina, sin posturas fingidas, sin fisuras.
Esto, queridos chicos, es lo que hace a una trayectoria. No se trata solo del paso del tiempo, sino de todo lo que hemos compartido y destacado, sostenido en el tiempo.
En representación de todo el staff del nivel primario, estas palabras.
En representación de los Hermanos y Directivos, elevamos una oración al Sagrado Corazón para que siga acompañando, bendiciendo e iluminando tu camino y el de todas las personas que amás.
Por mi parte, al tener a cargo estas palabras, quiero sumarme al respeto y gratitud de todos. Personalmente, abrazo los momentos que compartimos juntas, alegrándome a diario de haberte conocido y de que seas parte de mi vida. Sin duda, hacés que el mundo sea un lugar más bonito con tu compañía«.
Luján Correia
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