Durante diez días compartieron tiempo, fe y presencia junto a la comunidad de Chillar, provincia de Buenos Aires, renovando el espíritu evangelizador que anima su caminar.
Esta misión tuvo un significado especial: marcó el cierre de una etapa de tres años consecutivos de trabajo en el mismo destino. Más allá de las actividades realizadas, lo central fue el encuentro, la cercanía y la fe compartida.
Javier García Cueto, coordinador del grupo, pone en palabras lo que significó este tiempo:
“Una vez más salimos en enero a misionar, a encontrarnos con la gente y a compartir diez días con ellos. Chillar nos recibió con puertas abiertas, con tiempo y con ganas de encontrarse. Las visitas a las casas, las charlas tranquilas, los mates y las actividades con niños, jóvenes y adultos nos recordaron, de manera sencilla, qué nos mueve a misionar.
Como en cada misión, fuimos aprendiendo en el camino. Aprendimos de la gente, de sus historias, de su modo de vivir y de compartir. Cada encuentro nos dejó algo y nos confirmó que la misión se construye en lo cotidiano, en lo simple y en la disponibilidad para el otro.
Este año cerramos el ciclo en Chillar. Nos llevamos recuerdos, aprendizajes y un profundo agradecimiento a la comunidad por su cariño y confianza. Volvimos con el deseo de seguir caminando y compartiendo lo vivido, porque ¿cómo no hablar si su voz arde en nuestro interior?
¡Ametvr Cor Jesv – Ametvr cor Mariae!”.
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