Lectura: “Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores. Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron” (Mt 4, 17-20).
Meditación:
Jesús está empezando su vida pública y anunciando el Reino. Pero para esto necesita formar una comunidad y llama a los discípulos. El Reino es identificación con Cristo, pero necesitamos expresarlo en el servicio y el amor a los otros. No podemos vivir la comunión con Dios, si no nos encontramos con los hermanos; necesitamos salir de nosotros mismos y darnos.
Pedro y Andrés son hermanos de sangre, pero el llamado de Jesús los une espiritualmente; genera la fraternidad desde la fe y la caridad, que no tiene límites, está abierta a la universalidad. Nos libera de las relaciones polarizadas, para darnos la posibilidad de entregarnos a todos.
De pescadores en el lago de Cafarnaúm, el llamado y la respuesta inmediata los convierte en pescadores de hombres; ahora orientan su corazón hacia las personas, la comunión, que lleva a reconocer la Vida que Dios ha puesto en nuestro corazón.
Oración: Señor, ayúdame a orientar mi corazón hacia la entrega.
Contemplación:
Estoy ocupado en cosas que pasan, que no me interpelan… necesito despertar a lo excelso y espiritual.
«Yo te llamo a la comunión con mi Corazón y con los otros».
Quiero responder con determinación y radicalidad.
Acción: Responder inmediatamente a la llamada de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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