Lectura: “Jesús les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»” (Mc 3, 33-35).
Meditación:
Jesús supera la realidad biológica y da preeminencia a la perspectiva espiritual. Ama a la Virgen María, su Madre biológica; pero ahora amplía y fortalece los vínculos. Son su familia los que hacen la voluntad de Dios; somos su familia los que comprometemos la libertad y hacemos del seguimiento a su persona el proyecto de vida.
Cristo no se impone, nos propone que lo sigamos con radicalidad, pero desde el corazón, orientando todos nuestros afectos a la entrega. Él nos ha elegido, dando su vida por nuestro amor. Desde Dios ya está establecida la conexión, ahora espera que correspondamos como hijos amados y entonces vivamos la libertad y la comunión.
Necesitamos renunciar a nosotros mismos (que tenemos proyectos muy efímeros), para adherirnos activamente al proyecto de Dios en nuestra vida que nos quiere felices eternamente. Esto supone que dejamos obrar al Espíritu, que nos convertimos en su morada y sólo nos movemos eligiendo su voluntad.
Oración: Señor, dame la Luz y la gracia de seguir tu voluntad.
Contemplación:
Realizo proyectos caducos… que me llevan a la soledad.
«Yo te llamo, espero que respondas, te quiero junto a mí, en la alegría eterna».
Soy tuyo, que nada me separa de Ti.
Acción: Elegir la voluntad divina.
Hno. Javier Lázaro sc.
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