Señor, dame un corazón manso y paciente, semejante al tuyo

1 febrero, 2026

Meditación:

Las relaciones interpersonales, cuando no dejamos estar a Cristo presente, se hacen complejas y difíciles; pues consciente o inconscientemente nos tratamos de imponer sobre los otros; unas veces por miedo, por complejos de inferioridad, por soberbia, inmadurez, por falta de caridad… En la medida que dejamos a Jesús que habite en nuestro corazón y sea el centro de nuestra vida, nos relacionamos con los otros: fraternalmente, en comunión, buscando su bien, perdonando, con alegría, generando familia-comunidad, buscando el diálogo, viviendo en comunión… Pero para todo esto necesitamos entregar a Cristo el timón de nuestra vida.

Las bienaventuranzas, son el proyecto que nos propone Jesús, es un camino paradójico, pues no es bien visto socialmente. El paciente siempre espera el bien, no es resignado pasivo; despierta en los otros la esperanza y el deseo de desplegar todas sus capacidades.

La paciencia es un don del Espíritu, que necesitamos acoger y que nos lleva a la madurez afectiva. Nos llena de confianza y tiende puentes de unidad en forma constante. Heredar la tierra nos habla de que somos señores de nosotros mismos y vivimos en la libertad interior, con alegría.

Oración: Señor, dame un corazón manso y paciente, semejante al tuyo.

 

Contemplación: 

  • Me siento dominado por la ansiedad, la impaciencia, las prisas… vivo en la inseguridad… Necesito que me ayudes.

  • «Yo Soy paciente y misericordioso, vive en mi amistad…». 

  • Quiero vivir para Ti y seguir sólo tu voluntad.