Lectura: “Se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo». Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos, y tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo»” (Mt 17, 5-7).
Meditación:
Jesús tiene siempre necesidad de comunión con el Padre; en forma constante eleva la mirada al cielo y suspira. Ahora, sube a la montaña y se transfigura, se deja ver “tímidamente” en su esplendor como Dios, su rostro brilla y sus vestiduras resplandecen… Sus discípulos quedan extasiados con lo que ven… pero quedan más sorprendidos con lo que escuchan y sienten.
Escuchan la voz del Padre, que expresa su amor al Hijo amado… También nos lo dice a nosotros, pues somos hijos en el Hijo. De esta forma nos reafirma como personas: “somos amados”. Necesitamos caer en adoración, pues no hay palabras para agradecer este regalo.
En la oración, nos sentimos movidos a la unidad por el Espíritu Santo (simbolizado en la nube). El Padre nos hace la petición: “escuchadlo”. Jesús es la Palabra que nos da vida, por esto: hacemos silencio y guardamos en el corazón lo que nos dice.
Oración: Señor, enséñame a escuchar tu voz y a guardarla en el corazón.
Contemplación:
Hay veces que no voy a tu encuentro en la oración y no vivencio tu amor.
«Yo siempre te espero… quiero que te sientas amado».
Educa mi corazón para que experimente tu amor.
Acción: Buscar tiempos de oración personal.
Hno. Javier Lázaro sc.
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