Lectura: “Le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»)…” ( Mc 7, 32-34).
Meditación:
La incomunicación de corazón a corazón es el problema de fondo que hay en infinidad de personas, que aparentemente están bien; pero son incapaces de reconocer la voz de Dios en su corazón, que han acallado su conciencia… pero que tampoco pueden escuchar a otros, ni expresar lo que sienten; son analfabetos afectivos… Tal vez les ha faltado una mirada cariñosa, para que puedan descubrir su riqueza interior.
Jesús al sordo-mudo, lo lleva al silencio, usa la pedagogía del personalismo (las redes sociales no nos dan las respuestas). Le toca con su dedos y saliva, el oído y la lengua… le da el Espíritu (suspiró al cielo). Jesús le hace nacer de nuevo.
Nosotros necesitamos expresarnos en la alabanza de la liturgia, en el agradecimiento, en la escucha de la Palabra, en el canto por la alegría que percibimos… La “gimnasia del corazón” con Dios también nos ayuda al encuentro con los otros.
Oración: Señor, haz que escuche tu Palabra y proclame tu alabanza.
Contemplación:
Estoy aturdido de tantos ruidos y mi falta de silencio.
«Yo te llevo en mi Corazón, escucha mis latidos y cómo te amo».
Quiero vivir para Ti.
Acción: Buscar tiempo de silencio y escucha.
Hno. Javier Lázaro sc.
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