Lectura: “Jesús comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: «¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?” (Mc 6, 2-3).
Meditación:
Enseñar es una misión fundamental en el anuncio del Reino. Jesús siente compasión ante la gente desorientada y los enseña, les dedica tiempo, les habla con su presencia llena de autoridad, pues hace lo que dice. La enseñanza es un ministerio dentro de la Iglesia, es un llamado de Dios, una vocación que implica todo nuestro ser.
Al enseñar a los más pequeños, participamos de la sabiduría de Dios, que nos da su Espíritu, guiándonos con su Luz. Pero, además supone: el compromiso de formarnos continuamente, rezar por las personas a las que nos dirigimos y ser dóciles al Espíritu.
Enseñar es una obra de misericordia que exige paciencia y seguir procesos, según las necesidades… A Jesús le critican porque sólo era el hijo de José y María; pero no se dan cuenta que la primera universidad es la familia. Asimismo, es el Hijo del Padre.
Oración: Señor, haz que sea dócil a tu enseñanza y acompañe a otros.
Contemplación:
Me llamas a enseñar… pero algunas veces doy mi opinión… necesito tu ayuda.
«Yo con mi Palabra te doy Vida».
Quiero cantar tus maravillas, dar testimonio de tu amor.
Acción: Dedicar tiempo a los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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