Lectura: “En la sinagoga había un hombre que tenía un espíritu inmundo y se puso a gritar: «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús lo increpó: «¡Cállate y sal de él!»” (Mc 1, 23-25).
Meditación:
La sinagoga es un espacio de oración y alabanza a Dios; para nosotros son nuestras capillas y parroquias lugares de encuentro con Cristo. Pero aunque sean ámbitos sagrados, también se nos introducen en nuestro corazón pensamientos y sentimientos intrusivos, que nos distraen y nos perturban; son espíritus inmundos. Todos estamos llamados a cuidar el corazón de todo aquello que amenaza la comunicación con Jesús.
El maligno, el espíritu inmundo, es muy inteligente, tratará de envolvernos y maniatarnos para impedir la oración; nos dará razones aparentes, que nos llevan a la aridez y la tibieza. Además, nos asaltan sentimientos contrarios a la unidad y a la paz. Es preciso estar atentos para guiarnos sólo por el Espíritu Santo.
El mal espíritu, reconoce cosas buenas y en este caso sabe que Cristo es el Santo Dios; pero Jesús no lo deja hablar, pues con el mal no tenemos que negociar, ni dialogar… es preciso rechazarlo en forma inmediata.
Oración: Señor, haz que priorice mi amistad contigo. Señor, no me dejes caer en la tentación, líbrame del mal.
Contemplación:
Me siento asaltado por el mal… y me dejo llevar por razonamientos aparentemente justos… pero quedo dividido.
«Yo Soy la Verdad… Confía».
Jesús, quiero que seas mi único referente… solo soy tuyo.
Acción: Rechazar las tentaciones del maligno.
Hno. Javier Lázaro sc.
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