Lectura: “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio… Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes». Jesús le respondió: «Está escrito: «El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»» (Mt 4, 1-4).
Meditación:
El desierto es un espacio de silencio y soledad, de encuentro y diálogo con Dios, nos da un conocimiento profundo de nosotros mismos. Algunas veces nos da miedo, porque no queremos encontrarnos con nuestra realidad y para no escuchar el llamado a la conversión. Dios siempre nos habla como Padre, sólo busca nuestro bien.
Por esto, en forma constante nos rodeamos de ruidos y actividades, de noticias y compensaciones pasajeras. Pero nuestro corazón necesita el Pan y la Palabra que nos ofrece Jesús. La tentación siempre nos presenta el atajo, del placer y el menor esfuerzo; terminamos perdidos y esclavizados.
Jesús se libra de las tentaciones, que le propone el maligno, a través de la Palabra, que es la Luz para el camino. Hoy estamos llamados a vencer las tentaciones de la huida y la sordera espiritual, para encontrarnos con la mirada de Cristo.
Oración: Señor, no me dejes caer en la tentación y líbrame del mal.
Contemplación:
Tengo miedo al desierto del silencio, huyo con el activismo… mi corazón solo te necesita a Ti.
«Yo Soy la Luz, confía… mi gracia te sostiene».
Quiero encontrarme contigo, ser solo tuyo.
Acción: Buscar tiempos de silencio.
Hno. Javier Lázaro sc.
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