Lectura: “El que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos… Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti“ (Mt 5,19.30).
Meditación:
Los mandamientos de Dios, no son a la carta, donde cada uno elige cumplir lo que le gusta. Son para las personas un proyecto integral de crecimiento en el amor, que nos encaminan hacia la felicidad eterna. Establecen relaciones filiales con Dios, de fraternidad hacia los otros y del cuidado del propio corazón.
Al hacer la opción personal de vivir los mandamientos ya los estamos enseñando a los demás. El ejemplo arrastra. Si somos educadores o padres, sentimos un llamado para anunciar el Reino, y enseñamos la doctrina, que nuestra madre la Iglesia nos transmite.
Cuando Dios nos pide algo, también nos da la gracia para llevarlo a cabo. Los mandamientos tienen la fuerza que nos impulsa hacia el bien. Es preciso que libremente elijamos vivir los mandamientos, poniendo los medios adecuados o apartándose de aquello que me hace pecar.
Oración: Señor, quiero vivir en tu presencia, educa mi corazón.
Contemplación:
Pienso que algunos mandamientos son de otros tiempos… y relativizo su vivencia y enseñanza.
«Yo deseo tu felicidad… los mandamientos te conducen a mi amistad».
Elijo ser tuyo… dame tu gracia para que viva según tu voluntad.
Acción: Rezar y adherir a los mandamientos.
Hno. Javier Lázaro sc.
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