Lectura: “Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).
Meditación:
La relación de filiación con Dios supone que vivimos la fraternidad con los otros; la alabanza o adoración, requieren la reconciliación con los demás. El corazón en cada persona es único y necesitamos que estemos unificados interiormente, que lo que expresamos hacia afuera, lo vivamos en el interior. Esto supone humildad y trabajo personal, para reconocer las heridas y pedir la gracias de la sanación.
Las personas que nos rodean nos ponen a prueba en forma continua la paciencia, la aceptación de nosotros mismos… son como un espejo que nos muestran el interior…En lugar de quejarnos, necesitamos estar agradecidos que nos permitan conocernos, pues así también vemos qué le queremos ofrecer a Dios.
En la celebración de la Misa, el altar, con el mantel blanco, representa a Cristo, que se ofrece por nosotros al Padre como una víctima pura y santa. De la misma manera espera que nos entreguemos a Él santificados, con una actitud caritativa hacia los hermanos.
Oración: Señor, sana mi corazón y acepta la ofrenda de mi vida.
Contemplación:
Jesús veo cómo es tu oblación al Padre y esperas mi entrega…
«Yo Soy tu Paz, busca la unidad y el perdón».
Quiero ser tuyo, dame un corazón nuevo.
Acción: Buscar la reconciliación con los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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