Lectura: “Jesús decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano…»” (Mc 4, 26-28).
Meditación:
Dios siempre siembra en nuestro corazón la semilla de su Reino; nos da el deseo: de conversión, de servir a los demás, de vivir la caridad fraterna, de perdonar, de ser más ordenados, de vivir la alegría de su amistad… Pero hace falta que acojamos esta semilla, poniendo en acción estas inquietudes que el Espíritu nos regala y que nos impulsan…
Tal vez en un primer momento parecen gestos insignificantes, pero luego paulatinamente se hace un hábito bueno el actuar según la bondad infinita de Dios, alcanzamos la virtud que nos lleva al gozo interior. Pero si respondemos con determinación Dios seguirá sembrando y daremos más y más frutos según el Reino.
Es importante estar atentos para que la semilla anide en nuestro corazón; luego Dios nos da el poder de que crezca, nos regala su gracia, nos hace fecundos; esto supone un dejar obrar a Dios en nuestro interior y confiar.
Oración: Señor, siembra en mi corazón tu Reino y haz que dé frutos de caridad.
Contemplación:
Siento tanto ruido… Jesús no reconozco tu llamada… estoy aturdido…
«Yo Soy el Reino, te libero y engendro como hijo del Padre».
Quiero nacer de nuevo, obra en mí…
Acción: Recibir las mociones del Espíritu.
Hno. Javier Lázaro sc.
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