Lectura: “Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su espíritu” (Jn 19, 28-30).
Meditación:
Jesús está clavado en la Cruz y dice “tengo sed”; pero más que fisiológica, tiene sed de nuestra amistad. Busca nuestros corazones heridos para sanarnos y llenarnos de su Vida divina. De hecho, un instante después, cuando el soldado le atraviesa el costado, brota Sangre y Agua. Cristo es la Vida y es el agua que sacia toda nuestra sed de afectos y felicidad.
Pero además, en la cena de la pascua judía se tomaban de cuatro copas de vino. Ahora ya es la Pascua de Jesús, pero en la esponja mojada en vinagre está simbolizada la cuarta copa; Cristo que convirtió el agua en vino en la boda de Caná, ahora se desposa con nuestro corazón, aunque el encuentro, en un primer momento sea amargo.
Jesús físicamente está destrozado, pero su espíritu está gozoso por cumplir la voluntad del Padre; ahora se entrega a Él como Dios y como Hombre, es una nueva forma de amor de la Trinidad.
Oración: Señor, tengo sed de tu amistad, me entrego a Ti.
Contemplación:
Jesús busco compensaciones afectivas… pero sólo Tú me llenas de Vida.
«Yo tengo sed… deseo recibirte y con mi oblación, nos entregamos al Padre».
Soy tuyo, a Ti me ofrezco.
Acción: Buscar la mirada de Jesús.
Hno. Javier Lázaro sc.
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