Solo el compromiso de dar vida nos hace felices

22 febrero, 2026

Recibimos el don de la vida, pero nos realizamos plenamente cuando comprometemos nuestra libertad haciéndonos cargo de los demás.

Cuando nos centramos únicamente en nosotros mismos, quedamos inacabados, insatisfechos y tristes. Son los hijos, los alumnos, quienes despiertan nuestro corazón para la entrega y nos abren el camino de la verdadera felicidad.

La formación y el crecimiento profesional son necesarios para contribuir al progreso científico y social; sin embargo, no alcanzan para responder a las aspiraciones más profundas del corazón. Estamos hechos para el encuentro y la relación interpersonal, para la entrega gratuita. La vocación de ser padres, docentes o consagrados es el camino que llena nuestra vida interior: un bien que no se mide, pero que da sentido pleno a la existencia.

El compromiso supone ir contracorriente de una sociedad marcada por el eficientismo, el consumismo y el exitismo. Estas lógicas nos desconectan de nuestros actos, nos conducen a la superficialidad de los vínculos y nos impiden comprender el valor profundo del servicio sostenido en el tiempo.

Cuando nos hacemos cargo del crecimiento físico, emocional, relacional y espiritual de los otros, desplegamos las potencialidades recibidas y aquellas que hemos cultivado con esfuerzo y determinación. Entonces podemos vivir la alegría cotidiana, aun en medio de las dificultades, porque todo adquiere un sentido más profundo.

Esto supone empezar cada día:

aceptándonos como somos —únicos e irrepetibles—, sin compararnos;
valorando la soledad interior que nos permite ser creativos y abrirnos a una relación auténtica con los demás y con Dios;
agradeciendo los dones que hemos recibido para servir;
mirando hacia adelante, perdonándonos y evitando quedar detenidos en la culpa del pasado.

Al comenzar un nuevo ciclo escolar, estamos llamados a formar comunidad, a vivir una comunicación verdadera y una alianza educativa que busque el crecimiento integral de niños y jóvenes. Cada uno, desde su misión, aporta lo mejor de su corazón. Salimos de una mentalidad calculadora y cultivamos la actitud interior de:


  1. Ayudarnos sin esperar reconocimiento.

  2. Escucharnos sin juzgar.

  3. Despertar confianza sin exigir contrapartida.

  4. Expresar el bien que vemos en los otros con sinceridad.

  5. Caminar con humildad.

  6. Trabajar sobre nosotros mismos.

  7. Creer en la superación.

  8. Cultivar la paciencia.

  9. Agradecer lo bueno.

  10. Orientar el corazón hacia Dios, confiando en su amor providente.


¡Feliz año lectivo 2026!

Hno. Javier Lázaro sc