«Viste cuando invitás a alguien a tu casa por primera vez y le mostrás hasta la cocina, ese rincón íntimo que es el verdadero corazón del hogar, así fue esta jornada: generosa, cercana y sin reservas.
Nada de esto fue casualidad. Detrás de cada detalle hubo un gran equipo trabajando en conjunto: la Unión de Padres en la coordinación general; los directivos, los Hermanos, los equipos de Hockey y Fútbol Femenino, el Banco de Sangre y la Banda La Belgranense -que desde temprano llenó el ambiente de música y alegría- preparando los corazones para todo lo que vendría.
Tuve el privilegio de acompañar a las nuevas familias en el recorrido y, aunque conozco estos pasillos, ese día los transité desde otro lugar; los vi a través de las miradas curiosas y expectantes de quienes los pisaban por primera vez… Sin dudas, es un regalo presenciar el comienzo de un vínculo.
Visitamos todos los espacios: las aulas, la biblioteca, los laboratorios, el espacio de robótica, el comedor, la capilla, Pastoral y el favorito de todos: el museo. Cada rincón tiene una historia que habla de algo más grande que un edificio: habla de una comunidad que elige construirse día a día, desde la confianza, el encuentro y el servicio a los demás.

Cerramos la jornada con la celebración de la Santa Misa y un momento compartido alrededor de la mesa. Porque en el Belgrano la comunidad no se declara, se vive. Se encarna en lo cotidiano: en el partido de hockey del sábado, en la reunión de padres, en el voluntariado, en la sonrisa en el pasillo.

A cada familia que se suma este año, les decimos con el corazón: bienvenidos a casa. Aquí encontrarán mucho más que un colegio. Encontrarán una comunidad dispuesta a crecer con ustedes, a acompañarlos, a compartir el don que cada uno trae.
Y si algo aprendí siendo parte de esto es que, cuanto más uno da, más recibe».
* Ximena Arreguez es mamá de Martina Torres Alvite (6.° C); integra la Unión de Padres y el Equipo de Hockey de Madres y Exalumnas.
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